viernes, 2 de julio de 2010

Dos Mundos

¿Cómo definir locura?; ¿cómo establecer un punto medio entre sensatez y delirio?


Creo estar surcando los mares del desasosiego, a merced de la tempestad, en el ojo de la tormenta; pareciera divisarse una luz en el horizonte, como una lámpara incandescente, que se desdibuja entre medio de las olas que rompen en mi cara...


Quietud... silencio, destellos de no se qué en el aire.


Me despierto. Estoy postrado sobre un prisma que emana fluidos multicolores, que bañan mi cuerpo. Busco la llama, pero no consigo ver más que destellos.


El Norte.



En algún otro lugar, un hombre escribe; a su alrededor, gentes de frac yendo y viniendo con cosas importantes en mente, parecen no percibir su presencia, de pronto alguien saluda;


Hola! y sigue su camino.


Es como un hormiguero en el cual cada hormiguita cumple su función, salvo porque no existen, que yo sepa, las hormiguitas con aire de grandeza.


El hombre escribe por necesidad, como antes necesitaba pintar, evocar a ese Renoir del que conserva un pedacito en su alma; y vive entre dos mundos, repartiéndose sus días entre ellos, eligiendo en cual vivir, forzado o no, pero eso si, con pasión, entregándolo todo, viviendo al limite.


Estoy en la frontera nuevamente, desde allí puedo ver todo difuso, algo me desgarra, me abre el pecho y me saca las entrañas, varias maquinas hidráulicas me colocan entre sus mecanismos, me comprimen, me descomprimen, comprimen, descomprimen y así sucesivamente, hasta quedar reducido a polvo de estrellas...


El hombre se retira de su trabajo, una indisposición, partirá hacia su casa para ese reconfortante baño caliente que alivia las tensiones del día. No pudo encontrar la llama que tanto buscaba, no la encontró porque ESTABA ENCENDIDA DENTRO DE ÉL.


Octubre de 2004

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